El regreso de Slipknot con Marilyn Manson reabre la discusión sobre la violencia de género en la industria musical

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En materia de derechos de las mujeres, este ha sido un año difícil. No pasa un día sin que los medios y las redes sociales se llenen de noticias terribles sobre violencia de género, amenazas a la autonomía femenina o el anuncio de que hombres señalados por abuso siguen conservando grandes plataformas sin mayores consecuencias.

El caso más reciente lo puso la banda Slipknot. La agrupación anunció su regreso a Sudamérica, una visita muy esperada por sus seguidores, pero la alegría quedó opacada por una decisión: escogieron a Marilyn Manson como acto de apertura de sus conciertos.

La reacción no se hizo esperar. Muchos fanáticos expresaron su indignación por la presencia del cantante estadounidense y se debatieron entre ver a su banda favorita o permitir que su dinero llegara a un músico que no apoyan. Otros, directamente, decidieron no comprar boletas.

El malestar tiene fundamento. Manson —cuyo nombre real es Brian Warner— ha sido denunciado públicamente por la actriz Evan Rachel Wood y por al menos una docena de mujeres más. Algunas, como Esmé Bianco, interpusieron demandas; otra más espera un juicio el próximo año. El artista ha negado los hechos, pero nunca ha sido declarado inocente por un juez.

La respuesta de la banda tampoco ayudó. Jim Root, guitarrista de la agrupación desde 1999, intentó desmarcarse del asunto asegurando que su papel se limita a componer e interpretar, y que son ‘otras personas con cerebros más grandes’ quienes se ocupan de la logística de las giras. Una salida que muchos calificaron de tibia frente a acusaciones de abuso físico, sexual y emocional.

El festival brasileño The Town fue aún más directo: justificó la inclusión de Manson en su cartel argumentando que ‘no ha sido condenado’ y que ‘no se ha comprobado nada’. Una postura que ignora una realidad bien documentada: las denuncias de violencia de género suelen tardar años en llegar, por miedo a represalias, estigmatización o revictimización.

Evan Rachel Wood fue la primera en denunciar a Manson en 2021, con acusaciones de grooming y distintos tipos de abuso durante una relación intermitente entre 2007 y 2010. Su testimonio impulsó la Phoenix Act, una ley de California que extiende el plazo de prescripción de los casos de violencia doméstica, sancionada en 2020 y adoptada luego por otros estados.

El patrón, lamentablemente, se repite. Chris Brown sigue llenando conciertos pese a sus múltiples casos de violencia; el exfutbolista Dani Alves fue condenado en 2024 y luego absuelto en apelación, y hoy posa de pastor evangélico. Y Slipknot, además de Manson, ha coqueteado con Falling in Reverse, banda liderada por Ronnie Radke, también señalado por violencia.

La lección es incómoda: la narrativa de que ‘las denuncias arruinan la vida de los hombres’ es falsa. En la mayoría de los casos generan más empatía por ellos que por las víctimas. La industria musical, con su silencio o sus justificaciones, sigue enviando un mensaje claro a quienes han roto el silencio: la justicia y la sociedad, muchas veces, no están de su lado.

Editado por: Lu Hanover / Stars World Production

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