El desfile de Victoria’s Secret cumple cuarenta años y, con ellos, ha vuelto a poner sobre la mesa un detalle de maquillaje que lleva décadas repitiéndose entre bastidores: la sombra metalizada aplicada en el lagrimal y en la esquina interior del ojo.
La maquilladora Paola Moyano lo resume sin rodeos: es un gesto mínimo que transforma por completo la mirada. Y añade un matiz que sorprende: funciona especialmente bien a partir de los 35 o 40 años, cuando el lagrimal se hunde ligeramente y el párpado cae un poco. En ese contexto, iluminar la zona interior del ojo devuelve apertura y luminosidad.
El resto del look que se vio sobre la pasarela sigue una lógica coherente: melena suelta con ondas creadas con cepillo redondo y secador, piel bronceada, pómulos redondeados y un ahumado en tonos tierra. Los labios, en cambio, se mantienen en un nude de acabado brillante, sin competir con la intensidad de la mirada.
La combinación no es nueva, pero sí especialmente eficaz: el contraste entre un ojo trabajado en tonos cálidos y unos labios discretos concentra la atención donde interesa y evita el efecto de maquillaje recargado.
Para llevarlo a la vida diaria no hace falta replicar el desfile completo. Basta con un lápiz o una sombra clara en el lagrimal, un difuminado suave en la cuenca y el resto del rostro en tonos neutros. El resultado es una mirada más despierta sin recurrir a técnicas complicadas.
Editado por: Lu Hanover / Stars World Production


