Miedo real o especulación: la advertencia del exinvestigador de Anthropic que encendió el debate sobre la IA

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Un investigador que abandonó la empresa de inteligencia artificial Anthropic lanzó una advertencia que sacudió al sector: quienes trabajan en esta tecnología sienten un «miedo genuino» ante la velocidad de sus avances. Jacob Coxon, exempleado de la compañía, declaró a la BBC que, si no se frena el ritmo actual, «existe una gran probabilidad de que todos muramos en un futuro inmediato».

Sus palabras, difundidas tras su renuncia, se volvieron virales en un contexto de creciente preocupación por la seguridad de la IA. El propio director de Anthropic, Dario Amodei, había pedido días antes ralentizar el desarrollo de la tecnología, aunque no todos ven la petición con buenos ojos: algunos críticos la atribuyen a intereses comerciales.

Un llamado a frenar, y una carrera que nadie quiere perder

Amodei planteó en un artículo que el desarrollo de la IA no está en entredicho, pero que sus riesgos son «graves» y que empresas y gobiernos necesitan tiempo para abordarlos. A esa idea se sumaron Sam Altman (OpenAI) y Elon Musk (xAI), quienes respaldaron la propuesta de regular el ritmo y de establecer una supervisión independiente de los modelos.

Coxon, que trabajó en OpenAI antes de llegar a Anthropic, recibió con agrado la idea de frenar, pero advirtió que sería inútil sin coordinación con China para evitar una carrera internacional. «Las personas que trabajan en estas empresas hablan muy en serio cuando piden regulación, ya que se sienten atrapadas en una carrera. Y temen las consecuencias de esa misma carrera», explicó.

El escenario que más preocupa a los expertos

Uno de los riesgos que mencionó Amodei es la posibilidad de que un enjambre de bots actúe como una supercomputadora capaz de tomar el control de internet. Para Coxon, ese escenario podría materializarse en un plazo de entre seis meses y un año. Sus colegas, dijo, temían que el peligro se manifestara incluso en los próximos dos años, y relató que el personal de las empresas de IA estaba «planificando qué hacer con sus vidas» y que algunos «consideraban comprar terrenos en algún lugar» ante la inestabilidad derivada del avance de la tecnología.

La preocupación no es aislada. El científico de Anthropic Evan Hubinger afirmó que la IA «podría acabar con todos los seres humanos» y que él asigna una probabilidad superior al 10 % a que eso ocurra en la próxima década. El premio Nobel Geoffrey Hinton, conocido como el «padrino de la IA», consideró esa cifra «no descabellada».

Los escépticos: ¿alarma real o estrategia?

No todos comparten el tono apocalíptico. Clement Delangue, director de Hugging Face, ironizó que preguntarle a Coxon sobre la extinción por IA «es como preguntar al técnico del aire acondicionado sobre el cambio climático». George Arison, de Grindr, fue más lejos: sugirió que las declaraciones de Anthropic buscan captar apoyo de inversores, en un momento en que la empresa se prepara para una oferta pública inicial (OPI) que podría batir récords.

Jensen Huang, director de Nvidia, desestimó las afirmaciones de Coxon por considerarlas falsas. Y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evitó el tono alarmista al asegurar que su país lleva ventaja sobre China en IA: «quien gana en IA, gana en todo».

En medio del debate, Anthropic respondió que siempre ha sido transparente sobre los «enormes beneficios y riesgos sin precedentes» de la tecnología y defendió sus modelos como unos de los más seguros del sector. La discusión, lejos de cerrarse, deja una pregunta incómoda sobre la mesa: cuánto de esa advertencia es ciencia, cuánto es miedo real y cuánto, simplemente, especulación.

Editado por: Lu Hanover / Stars World Production

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