La moda española conquista Nueva York: las nietas de Carolina Herrera y las firmas que nacieron de un oficio

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En plena New York Fashion Week, una fiesta privada en el Rockefeller Center reunió a dos generaciones de la moda que comparten un mismo acento. Nicky Hilton congregó en Loft & Garden a figuras como Paris Hilton, Laura Ponte o Alessandra Fendi para celebrar a dos firmas nacidas en España —PARIS/64 y Flabelus—, y entre los invitados estaban Olimpia Báez y Carolina Lansing, las nietas de Carolina Herrera. La escena tenía algo de cambio de guardia: la familia de una diseñadora que convirtió Nueva York en el centro de un imperio, y dos jóvenes que buscan construir algo propio a partir de la artesanía española.

Carolina Lansing, de los lunares de Le Bal a Nueva York

Carolina Lansing ya había vivido su gran presentación en sociedad en París, en el célebre Le Bal des Débutantes de noviembre de 2025, con un vestido creado para ella por Wes Gordon para Carolina Herrera. Aquel diseño —de inspiración sirena, en marfil y negro con lunares— rendía homenaje a la primera colección de su abuela, e incluso llevaba un pequeño lazo amarillo cosido en el bajo como guiño al primer perfume Good Girl. Fue una declaración de intenciones: honrar el apellido, pero sin quedarse quieta.

Olimpia Báez, una insider en la Semana de la Moda

Su prima Olimpia Báez, hija de Carolina Herrera de Báez y del torero Miguel Báez, El Litri, lleva un recorrido distinto. Ha estudiado diseño y moda en París y Nueva York y cada vez es más habitual verla en el circuito de la Fashion Week. Su relación con la industria va más allá del parentesco: se está formando dentro de ella, moviéndose con naturalidad entre París, Nueva York y Madrid. Verla ahora junto a proyectos españoles que intentan el mismo viaje —pero en sentido inverso, de España hacia Nueva York— resulta especialmente simbólico.

PARIS/64: de una conversación en Barcelona al Soho

PARIS/64 no nació dentro de una gran casa. La firma fue imaginada en Barcelona por María Alfonso —con pasado en el marketing y las multinacionales— y José María Pozas, arquitecto. La crearon en 2019 con una idea clara: unir la estética parisina que inspira su nombre con el conocimiento artesanal español. Al principio fabricaban en Ubrique, pero el crecimiento los llevó a tomar una decisión poco habitual para una marca joven: abrir su propia fábrica en Illueca, Zaragoza, una localidad históricamente ligada a la marroquinería y castigada por la competencia de bajo coste.

El salto definitivo llegó en diciembre de 2025, con la apertura de su primera tienda fuera de España en Broadway, en pleno Soho neoyorquino. Aquella pequeña empresa ya no pensaba solo en exportar: quería formar parte física del paisaje comercial estadounidense.

Flabelus: el zapato que nació de un dolor de espalda

La historia de Flabelus es aún más personal. Su fundadora, Beatriz de los Mozos, no venía del calzado: había estudiado Derecho y trabajado en el mundo corporativo antes de buscar, por pura necesidad, un zapato plano que fuera bonito y cómodo para largas jornadas. La respuesta mezcló dos tradiciones —la furlane veneciana y la alpargata española— y terminó convertida en una firma reconocible por sus zapatos de colores, a medio camino entre la bailarina y la zapatilla.

La fabricación en España nunca fue decorativa en su proyecto. Flabelus produce en Alicante y en 2025 abrió su primera fábrica propia en Elche, uno de los grandes centros históricos del calzado español. De los Mozos lo resume con una ambición explícita: demostrar que también es posible fabricar en España.

La nueva aristocracia de la moda española

Durante años, la moda española se internacionalizaba cuando una gran diseñadora o empresa lograba entrar en París, Londres o Nueva York. Hoy el camino puede ser otro: puede empezar con una abogada que busca zapatos cómodos, con una experta en marketing que decide cambiar de vida, con una fábrica que reabre en un pueblo aragonés o con una nieta que, en lugar de heredar solo un apellido, empieza a averiguar qué puede construir por su cuenta.

Que esas historias coincidieran durante la Fashion Week, en el Rockefeller Center y de la mano de Nicky Hilton, es una de esas casualidades que explican mejor que cualquier eslogan hacia dónde se mueve la moda: hacia un cruce entre oficio español y ambición global que ya no distingue entre casa histórica y marca joven, si el producto tiene personalidad.

Editado por: Lu Hanover / Stars World Production

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